El proceso de creación poética: un caso concreto


Son muy variados los caminos y procedimientos que llevan a dar forma poética a una aprehensión determinada de la realidad. Dependen en muchos casos de la persona en particular, de sus habilidades, de sus inclinaciones, de su dedicación. En otros casos, del momento en que se produce el acto creador, del tema afrontado… En general cada cual se enfrenta a la creación de forma diferente y con frecuencia distintas sendas llevan al producto poético. En cualquier caso hay no obstante algunas consideraciones generales. En primer lugar siempre se escribe de la realidad, sea realidad pura y dura, realidad deseada o soñada, realidad filtrada por prismas ideológicos o psíquicos, personal o comunitaria, pero como quiera que sea es siempre una relación establecida con la realidad, por presencia o por ausencia. En segundo lugar se trata siempre de una percepción individual concretada en el tiempo que tiene los más diversos orígenes: un recuerdo, una ausencia, una visión imaginaria o real, unas palabras, unos hechos… Esta experiencia hasta cierto punto irracional por el fuerte componente emotivo que conlleva es individual y única y motiva el contenido poético, es decir proporciona los elementos del mensaje que posteriormente se transmitirá. En tercer lugar hay que tener presente que nos movemos en un terreno codificado: la construcción de un mensaje poético responde a unas reglas concretas y universales que es necesario respetar so pena de que el mensaje no pueda llegar al receptor. Estos códigos tienen sus propias leyes y responden a dos principios básicos: con elementos finitos se pueden construir mensajes infinitos, por un lado, y se trata, por otro, de un juego de elecciones y/o descartes de elementos dentro de las posibilidades ofrecidas por los códigos, en especial el código estilístico y el propio idioma. Obviamente todo esto se genera de forma inconsciente y más o menos automática, como cuando hablamos. Contaré aquí someramente el camino que, analizado a posteriori, me llevó a la forma definitiva de un pequeño poema.

El motivo creador.

No puedo asegurar la razón por la que mi cabeza se obsesionó durante unos días de forma recurrente con una imagen que acudía a mí espíritu. Muy probablemente esa imagen la hubiera visto con anterioridad durante alguna sesión de exploración en la web pero no puedo asegurarlo. Como quiera que sea y con ese límite difuso con la realidad, mi realidad, la imagen representaba un lago con dos nenúfares en una tonalidad global con predominio de azules y morados que he identificado como un detalle de uno de los cuadros de la serie Nymphéas de Claude Monet. La pintura impresionista de finales del XIX es una de mis debilidades. No obstante tengo que precisar que esta visión del detalle está deformada en mi percepción: obviamente en el cuadro original no hay sólo dos nenúfares, pero yo los percibo como dos y eso es lo importante para el  motivo poético que se desarrolla en mi inconsciente. Es decir, la realidad, la pintura, me llega filtrada seleccionada ya, no sólo en cuanto que se trata de un pequeño detalle y no del cuadro completo, sino también por un juego de asociaciones psíquicas que descubro a posteriori pero que en ese momento sólo percibo de forma inconsciente. Además, en esa experiencia poética, que es concreta y ceñida a un momento preciso, se manifiesta en mi visión deformada un dinamismo que no objetiva el referente, claramente estático, fruto de ese juego inconsciente de asociaciones. Es así como se engendra en mi sensibilidad el poema. Pero es sólo la semilla, aún quedará todo el proceso de embarazo y el parto final.

Durante un tiempo esas sensaciones se van asentando en mi sensibilidad y tomando forma. Es decir se va materializando intuitivamente esa experiencia que es única y se va formalizando el contenido y el simbolismo que se pondrá en juego para expresarlo. En síntesis, enumero los componentes básicos, los genes del futuro poema:

1. Es la captura de un instante, una instantánea del subconsciente, donde el yo se sitúa por fuera del motivo, como espectador de una escena. Este componente tendrá importantes consecuencias formales y de contenido: se escribirá en tercera persona con escasez de verbos y predominio de sustantivos en un mínimo de palabras.

2. El símbolo básico asocia los nenúfares a los pechos desnudos de una mujer joven en el agua. Se puede investigar el porqué de este psiquismo, pero ello no tiene consecuencias para la construcción del poema. Uno simboliza bastante irracionalmente.

3. Hay un componente erótico muy fuerte, derivado en parte del símbolo básico, pero también de otro motivo presente en la percepción inicial y de gran tradición, el agua. Este erotismo impondrá una selección léxica que lo connote. También está relacionado con otro de los elementos de la experiencia primera, el dinamismo: el motivo principal es un ofrecimiento erótico y en cierto modo exige una consumación, que será indirecta pues en la escena sólo aparecen explícitamente los nenúfares.

4. Es necesario un nexo de unión entre los símbolos despertados y la escena contemplada. Esto se manifestará en el léxico elegido pero también en las referencias culturales indirectas puestas en juego mediante ella. No se trata aquí de dotar al lector de un referente directo con la realidad, sino de despertar inconscientemente esas resonancias en él y dejar tranquila la conciencia creadora. El éxito en este sentido de las estrategias empleadas no vendrá pues determinado por la improbable asociación que el lector pueda o no hacer con el cuadro sino por su interpretación del poema de forma impresionista, es decir como si contemplara un cuadro de Monet.

Hasta este punto hay pues tres fases distintas en la creación: la experiencia poética, que no es poema aún y que puede no serlo nunca; la concepción poética, momento en el que el poema comienza a gestarse en el interior y donde se forman los elementos básicos tanto de expresión como de contenido; y la gestación, que es el proceso más largo donde se va alimentando cada elemento formal y simbólico que permita que el poema sea poema, que exista.

La gestación.

Lo más importante para el que escribe es que el poema diga lo que tiene que decir y no otra cosa. Es decir, que la comunicación de la 
experiencia poética percibida sea transmitida en todos los componentes que contiene con la esperanza de que el lector se aproxime a dicha experiencia o que geste la suya propia. Se trata pues de dar forma y dotar al poema de materialidad: hacerlo crecer, desarrollarlo hasta que esté plenamente maduro para ver la luz. Es decir de codificar la sustancia que germinó en la sensibilidad. Es por ello que este proceso es gozoso y doloroso al mismo tiempo, es una lucha interna por modelar exactamente lo que se quiere expresar, de búsqueda y al mismo tiempo de gozo por los logros y avances en ese camino.  Una versión poética que plasma esta concepción puede leerse en el poema que abre Al límite de la espesura, Pro logos.

Mientras siento no escribo. Me parece una máxima universal. A partir de ahí sí hay que tomar la pluma y sistematizar ese sentimiento si el espíritu se siente movido a ello. Desde el principio se pone en marcha el juego de elecciones, siendo la primera la elección del género y el tipo de verso en el caso de decantarse por un poema, así como la forma lingüística que trasladará la experiencia vivida y desglosada arriba al lenguaje común. En este caso me decido por darle forma de haiku clásico: la brevedad de los versos es la ideal para el sentido impresionista que quiero transmitir y el simbolismo minimalista que carga el poema. Tras algunos tanteos llego a esta primera versión del poemilla:

Pechos floridos
en la niña del agua:
laguna adolescente.

Como se ve el resultado no es un haiku ortodoxo: 5-7-7. Para mí no es una obsesión respetar la medida del haiku ni ninguna otra. De hecho tampoco se respeta en japonés. Por eso a mis poemas cortos, en general en endecasílabos y heptasílabos, les llamo retazos. Creo que es más natural a la escritura castellana la combinación 7-11-7 o 11-7-7 o incluso 8-8-8 para la expresión que en japonés se consigue con 5-7-5. En especial porque en español la relación temporal se expresa fundamentalmente por el sistema verbal mientras que en japonés se usan partículas que simplifican el número de sílabas. La palabra “niña” merece ahora mi atención. En la redacción primera empleé “mujer” pero me incomodaba por no representar exactamente la idea vivida por ser demasiado genérica. Quería un concepto no sólo más concreto sino más exuberante. De ahí la selección de la palabra “adolescente” para calificar a la laguna. Primero me pareció eficaz la palabra “novia”, quizás recordando subconscientemente la Atala de Chateaubriand, pero la deseché por las connotaciones de pareja que presupone ausentes de la visión. Con la palabra “niña” hacía en cambio una referencia indirecta a los cantares populares, romances, seguidillas, fandangos…, al mismo tiempo que conservaba la idea de juventud en eclosión.

Transformaciones.

Aunque esta primera versión tiene un cierto ritmo de cantidad (5-7-7) y es una primera aproximación no me deja absolutamente satisfecho. Veo el poema incompleto tal como yo quiero expresarlo, lo que me hace manipularlo buscando nuevos matices. Lo primero fue alargar los versos buscando una mayor efecto dinámico convirtiéndolos en 7-7-11. Para ello me valgo de versos de medidas que me son más familiares que el pentasílabo y de verbos conjugados. Sustituyo el adjetivo “florido” por un verbo y completo la adjetivación de la laguna con una proposición relativa con su verbo correspondiente en forma personal. En este dudé entre “llamar” y “reclamar” pero me pareció más potente el segundo, más potenciador de la idea. También tuve que elegir la forma de relacionar los pechos y la mujer: la preposición “en” alejaría ambos conceptos ya que la mujer sólo sería el suplemento sintáctico de “florecer”, mientras que “de” presupone una ruptura del orden sintáctico  que me pareció finalmente más acorde con lo que quería expresar al mantener la unidad conceptual de ambos elementos y resaltar mediante hipérbaton la idea verbal. También en el endecasílabo me detuve buen rato para cuadrar el ritmo con la idea descartando entre otros uno de gaita gallega (no por serlo; los he mezclado en algunos poemas con los italianos y los de cláusula sin que me desagradara el efecto). La necesidad de relacionar igualmente la mujer y el escenario me hace volver atrás y recuperar la expresión “novia” en lugar de niña precisamente por la adjetivación de “adolescente” del último verso. La segunda versión quedó pues así:

Los pechos florecieron
de la novia del agua:
laguna adolescente que reclama.

La forma del último verso me hace volver sobre los pasos del haiku e intentar una nueva síntesis. Por un lado la idea de juventud es redundante al estar ya contenida connotativamente en la palabra “novia” y el hecho de florecer. También quiero resaltar más la idea de ofrecimiento y voluptuosidad que caracterizaba el sentimiento inical: conservo la base léxica del verbo pero convertido en sustantivo e introduzco el adjetivo “urgente”, suficientemente expresivo en ese contexto. La desnudez del sustantivo al prescindir de todo actualizador hace la expresión más directa e inmediata. Eliminar el endecasílabo me fuerza en cierto modo a reconvertir el primer heptasílabo también en pentasílabo resultando ahora un haiku clásico:

Pechos floridos
en la novia del agua:
reclamo urgente.

El parto.

Esta reducción adolece sin embargo de casi los mismos problemas de la versión inicial. A pesar del esfuerzo sigue sin representar lo que mi espíritu captó en esa visión que motivó la escritura. Así pues se trata de volver al laboratorio, reanalizar los componentes, revisar bien la ecografía. He dado pues una vuelta completa. Salí del haiku para volver a él lo cual puede parecer un camino inútil. Pero no es tal. En ese recorrido el poema no se ha adelgazado, antes al contrario ha ido creciendo en el interior, si bien, las manifestación externa es incompleta. Podría compararse a diferentes tomas parciales de una construcción: selección del léxico, elección del metro, elaboración de imágenes, eliminación de asonancias, clima interno, asociaciones significativas, juego de connotaciones… Todos estos aspectos se han ido perfilando si bien parcialmente. La sustancia poética inicial se ha ido perfeccionando mientras se materializa en palabras, se va moviendo en el interior, adoptando distintas posiciones y ajustándose biológicamente para ver la luz. Duele el alma cuando se busca una forma que no acaba por aparecer, se siente angustia y temor de no dar con la construcción exacta, con la expresión concreta que transmita y permita comunicar la emoción que nos embarga. Pero cada movimiento en ese camino nos da al mismo tiempo sensaciones gozosas, de esperanza inquieta.

La insatisfacción del adjetivo del primer verso me lleva a buscar una transformación categorial. En este caso la palabra “florido” la siento fuera de clima, más de verso endecasílabo o alejandrino que de pentasílabo, con más resonancias grecolatinas. Ya sé que es sólo un problema psíquico mío pero que se asienta en la tradición poética y que anteriormente me condujo a introducir el término”niña”. El verso corto en castellano está más ligado a formas populares tradicionales (serranillas, canciones…). Siento más adecuado para el pentasílabo el sintagma “en flor” más de corte popular que el cultista “florecido”. Por la razón contraria, conseguido ya el matiz tradicional, y tratándose de un heptasílabo para el referente de la mujer elijo la palabra “ninfa” de fuerte tradición en la literatura acuosa desde Garcilaso hasta los escritores modernistas. Necesito ahora dar cauce a la sensación de voluptuoso ofrecimiento hacia un voyeur espectador involuntariamente presente y que no es el yo lírico. El “reclamo urgente” de la ninfa le haría “hervir la sangre”. La palabra “ninfa” me lleva sin embargo a asociarla a la flauta de Pan y despierta otras resonancias mitológicas en mi espíritu relacionadas también por la tradición: el fauno oculto entre las ramas, como ese espectador sentido pero no visible de mi intuición primera, que se goza los sentidos con el espectáculo que se le ofrece. Sustituyo pues la “sangre” por la “música” e introduzco en el cuadro al “fauno” que se recrea. Poniéndome en elpapel del fauno, esa escena me produciría deleite. Hay que aumentar pues el poema en un verso. Pero falta aún una conexión erótica entre ambos protagonistas: no es sólo un placer de los sentidos, es un placer erótico y sexual que quiero explicitar. La flauta de Pan es el símbolo que dará cauce a ello unido a la connotación de la sangre que hierve: dando un paso más en el erotismo y puesto que eliminé esa palabra anteriormente, no la retomo directamente pero sí en un concepto asociado. La ebullición lleva con frecuencia a derramar el líquido que se cuece, la leche por ejemplo. Opto sin embargo por la palabra “rebosar” que me parece más acorde estilísticamente con el contenido y menos explícita y por menos explícita más sugerente.

Ahora sí, el poema está maduro para ser alumbrado. He encontrado la armonización de la forma y el contenido tal y como la buscaba desde un principio. Todo se ha transformado, apenas queda nada de las versiones precedentes pero el producto final no habría sido el mismo sin ellas, sin ese sufrir, sin ese dolor gozoso. Tras horas, en este caso, días en otros, la gestación ha llegado a su final y ahora sí, el poema explosiona en los términos precisos, en la forma versal que le corresponde, la de tanka en este caso, de forma natural se desliza suavemente y se materializa:

Pechos en flor
de la ninfa del agua:
hierve la música
del fauno deleitado
que su flauta rebosa.

 

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~ por Pedro Ferreira en 08/05/2010.

10 comentarios to “El proceso de creación poética: un caso concreto”

  1. maravilloSo
    lo enlazo con mi blog
    graxias !

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  2. Yo concuerdo con el Capitán, Almirante, y aseguro que el deber de todo artista es crear y recrearse. “¡Ay de aquél que no desarrolle sus talentos!”.
    Gracias, Pedro, por florecer constantemente y porque generosamente compartes.
    Besos fuertes como abrazos hlb, dmc

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    • En este caso, querida Liz, hice ambas cosas. Me resulta curioso analizarlo retrospectivamente, ver de donde salí y donde llegué. Me alegra que te haya gustado. Gracias por venir.
      Besos fuertes como abrazos también para ti.
      Dlb htx.

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  3. El producto final (Tanka), sobrepasa la bellas imágenes visuales que ilustran el proceso creativo. Me repito, de primera linea poeta, de primera linea.

    Un abrazo Almirante.

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    • Inmensamente agradecido, Raúl, de contar con tu presencia y tu opinión en este tema. Una satisfacción que me llega.
      Un fuerte abrazo, Capitán, desde la bahía.

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  4. Todo un maestro en el arte de escribir.
    Nunca estudié literatura, así que artículos como éste me parecen muy interesantes, nutren mi mente y en consecuencia mi alma…
    Creo que este proceso creativo, se da en todo el arte en general, cuando se pinta una obra, primero surge la idea en el pensamiento, luego vienen los bozquejos, los cambios, luego experimentas con diferentes colores y texturas, hasta que finalmente se da a la luz una obra.
    Gracias por compartir tus conocimientos a través de este tu espacio, eso para mi significa generosidad.
    Un abrazo y siempre éxitos.
    Ana

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    • Sí, Ana, no pinto pero sospecho que el proceso es muy similar y quizás común a todo acto -escribir también lo es- de simbolización creativa.
      Gracias a ti por venir a mi rincón.
      Besos desde la bahía.

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  5. Creo que a muchos, si no a todos, nos pasa algo similar, claro que sí, pero visto así, el proceso de génesis del poema, paso a paso, es im pre sio nan te. Pensar que todo ocurre en las sombras de la consciencia, pero ocurre, y da estos frutos tan bellos, con tanto contenido en lo que parecen unas pocas palabras.
    Ya te he dicho lo que pienso al respecto, sólo que ahora, ese fauno de la ilustración… je, qué belloooo, todo te ha quedado precioso.
    Me voy a coleccionar tus artículos, qué mano para atrapar tienes, eh?

    Abrazos, abrazos.

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    • Estoy por asegurar que el proceso es general, aunque yo lo he particularizado en un caso concreto de un pequeñísimo poema. Pero funciona -me- igual en poemas largos.
      Me alegra que te haya gustado, Vivi. Haz sitio, haz sitio para la colección, jejejeje.
      Besos y besos desde la bahía.

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